Orgullo patrio, verguenza ajena

"No es que los italianos sean ingobernables, es que es inútil el tratar de hacerlo." Benito Mussolini
Una de las pocas ocasiones que he tenido para ahorrar y visitar el ancho mundo (qué nostalgia, qué tiempos aquellos en los que no existían alquileres ni facturas, o los pagaba papá, y destinaba mis ganancias a cuestiones más agradables y provechosas) fue para recorrer Italia en Interrail, pasando previamente por París (mejor no preguntar).
De aquello hace casi diez años y siempre he considerado el país de la pasta, el calcio y el arte como uno de los lugares más privilegiados de la Tierra. De norte a sur, del este a oeste, Italia es un país en el que puedes ver los Alpes, el fantástico Duomo de Milán, desde el que puedes contemplar la ciudad, la increíble Venecia, la muchas veces endiosada Florencia, las tierras del Véneto o la Toscana, la increíble Roma, la sucia pero deseable Nápoles que te abre las puertas de Pompeya y Herculano, Sicilia.... En definitiva un país lleno de cosas por descubrir y vivir, un prodigio de la historia que merece la pena visitar.
Y vistas sus costumbres, sus fiestas, su modo de vida y su apego al Mediterráneo casi similar al español, uno podría desear vivir allí. Pero no. Antes me quedo aquí.
Porque si malo es tener gobernantes irresponsables que no actúan con firmeza ante los graves problemas que en la actualidad tienen muchos de los ciudadanos, mucho peor es tener gobernantes como Berlusconi, alcaldes como Walter Veltroni o Alemanno o ministros como Roberto Maroni, que incluso hacen menos malo a personajes tan nuestros como la querida Magdalena Álvarez.
Porque por un lado está Berlusconi, un señor de cera que muy probablemente tenga como principal preocupación su aspecto físico y no los problemas de su país, un señor que se pasea por las cumbres internacionales como Pedro por su casa, haciendo gracietas infantiles como poner los cuernos a Bush o hacer muecas a los fotógrafos, un señor que lo mismo te deroga una ley que ficha un futbolista, un tipo que muy probablemente maneje buena parte del norte de Italia, porque del sur ya nos imaginamos quién se encarga, un pseudo dirigente que se ha descolgado últimamente con frases del estilo “Deberíamos tener tantos soldados como chicas guapas”....
El Sr. Veltroni por su parte, encargó la limpieza exhaustiva de las calles de Roma, lo que llevó a muchos intelectuales italianos a decir que el tipo era especialista en “esconder la mierda debajo de la alfombra”, mientras que su sucesor, Gianni Alemanno incluyó en su programa electoral la desaparición de celebridades estadounidenses “que utilizan el festival para autopromocionarse”. (sic)
Para acabar con las muestras de políticos “intachables” esta semana, el señor Roberto Maroni, el Rubalcaba italiano, dijo tras el ataque que sufrió un joven indio que fue rociado con gasolina y al que se prendió fuego “sólo para observar cuanto resistía en llamas” que “para frenar la inmigración clandestina y todo el mal que conlleva (palabras textuales del ministro) no hay que ser buenos, debemos ser malos, determinados. Afirmar el rigor de la ley".
Esta semana las noticias esperpénticas se suceden y una se pregunta si el aguante italiano a la estupidez de sus gobernantes es infinito o si, en realidad, todo el mundo está de acuerdo con sus propuestas, acciones y comentarios. Desde hoy mismo los médicos “azzurris” podrán denunciar (y se les ha pedido que lo hagan) a los inmigrantes ilegales que atiendan en los centros sanitarios y la tasa para obtener el permiso de residencia ha subido de 80 a 200 euros, además de crear un registro de vagabundos en el que deberán inscribirse los sin techo.
Así que continúa Berlusconi con su imagen de fascista italiano condenado a pasar a la historia política como un tipo mafioso, intolerante y racista que en pro de su Italia natal barrió su país sin el más mínimo sentido de humanidad. Sabido esto, simplemente nos faltaba comprobar que ahora mismo, y muy probablemente gracias a presiones vaticanas acompañadas de interesantes sumas de dinero, se ha erigido un Dios terrenal que tiene la capacidad de actuar ante la muerte de sus compatriotas... Italianos, claro.
Se ha levantado esta mañana Silvio pensando que de él no se ríe nadie, y que si la ley no le sirve para cumplir sus propósitos, se hace otra y punto. El fin, ganarse los altares, supongo. Porque no cabe otra explicación para las acciones de un hombre que se empeña en mantener con vida a una mujer que lleva 17 años en coma y que hace tiempo que dejó de tener esperanzas de volver a ver a aquellos que llevan más de cuatro mil días sentados a los pies de su cama de hospital a la espera de que la naturaleza sea piadosa y evite sufrimientos a todos dejándola morir. Pero como la naturaleza no lo es, la solución pasa por retirar todo aquello que la ha mantenido tanto tiempo en un limbo del que nadie cree que vaya a volver. Y a Berlusconi le parece mal, y dice estar trabajando “para intervenir”. ¿Por qué? ¿Quién es usted para intervenir? ¿Dónde pone que las funciones del máximo mandatario del país sean intervenir en la vida privada de los demás? ¿En calidad de qué?
Hay días en los que no te parece tan malo vivir en este país. Mal de muchos...